Terapia Básica Para Controlar la Tartamudez II

Terapia Básica Para Controlar la Tartamudez II
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Ley de la Causa y Efecto – Controlando la Tartamudez

Continuando con la lección anterior y como te lo habíamos mencionado, estas técnicas ya han sido probadas, basados en los resultados se pudo observar como aquellas personas que no limitaron sus cambios tuvieron una modificación visible en su comportamiento y es justamente es lo que deseamos que ahora hagas tú. Es posible que hayas o vayas a experimentar una resistencia al cambio pero es parte ello y a eso mismo nos dirigimos en las siguientes líneas.

En nuestras entrevistas realizadas a varias personas nos informaron de situaciones en las que se habían deliberadamente desplazado de un humor a otro, por ejemplo de la depresión a la alegría pero también viceversa y esto es lo que lo hace interesante.

Cuando tú comienzas efectuar cambios, algunos de estos algo atrevidos y difíciles de aceptar reconocerás algunos pensamientos de autosugestión negativa a los que con toda justificación puedes ser propenso a caer, “mejor no lo hago” “soy así y punto, tal cual ¿qué más da?” “ninguna terapia funciona conmigo” “todas esas técnicas son para perder el tiempo” “yo he tratado, pero la tartamudez siempre va a aparecer” y es en este punto donde comienza un conflicto interno, una batalla donde ahora intentas alterar tu manera de pensar, ¿Cómo Hacerlo? Existen dos pasos fundamentales: primero expresando tus sentimientos en voz alta a alguien y posteriormente formulando pensamientos y memorias que puedan competir contra aquellos. Es muy común ver casos en donde muchos tartamudos intentan llenarse de pensamientos negativos durante el día, o gastar sus días dándole vueltas deliberadamente a sus defectos.

Ejemplo Real:

Para demostrar este punto te presentamos un testimonio, es algo extenso pero vale mucho la pena leerlo bien.

Anteriormente un tartamudo al cual llamaremos “Javier” demostraba muy poca iniciativa en su auto terapia hasta este punto. Alternaba entre una total pasividad y una hosca resistencia. Siempre insistía en fijar su criterio de mínimos en un resultado cercano a cero. Hacía lo menos posible. Su anormalidad tartamuda característica consistía en largas series de “ah-ah-ah-ah” que usaba para posponer los intentos de habla en las palabras temidas, que eran muchas.

A menudo sus “ahs” previos, no importa cuán largos fueran, no evitaban la aparición real de temblores tartamudos. A veces se arreglaba para esperar a que desaparecieran, pero normalmente aparecían justo cuando iba a iniciar el intento de habla efectivo. Los temblores y repeticiones no solían durar más de un segundo y la mayor parte de su discapacidad comunicativa residía en esos dispositivos de posposición. Era claro que si esos “ah” pudieran modificarse o eliminarse, solo quedaría una pequeña anormalidad.

Javier escuchó algunas grabaciones de su habla y le preguntamos que podría hacer para variar esas “ah-ah-ah-ahs” constantes. Rehusó ariscamente.

Le sugerimos tres maneras con las cuales otros tartamudos habían variado similares comportamientos de posposición: variar deliberadamente la duración de las ah en la secuencia, empezar con una ah pero cambiar luego a una oh, o variar el volumen de las ah. De nuevo le preguntamos si podría inventar una manera mejor. ¡No! ¿Entonces, cuál de las tres que le habíamos propuesto elegía? “Elegiré la última de ellas y variaré el volumen. Mi máximo objetivo será diez variaciones en un día y el mínimo una variación.” Asentimos y aceptamos. “¿Por qué has elegido esa manera y por qué has fijado el mínimo tan bajo?”, le preguntamos. “¿Crees que puedes conseguir el máximo de diez variaciones por día?” Nos aseguramos de ser permisivos y no mostrar el mínimo asomo de sarcasmo en nuestra voz (mucha paciencia). Podemos esperar. Sabíamos que llegaría el día en que Javier comenzaría a moverse. Nos sorprendió por tanto el torrente de emoción que ocurrió a continuación. Fue algo como esto:

“¡Oh, maldito seas, maldito, maldito seas! ¿Por qué no me mandas al infierno? ¿Por qué no me dices que soy un vago bastardo, que he estado con el culo sentado sin hacer nada durante un mes mientras otros alumnos están progresando? ¿Por qué siempre tienes que ser tan jodidamente paciente conmigo? ¡Sabes que siempre hago lo mínimo posible —si es que lo hago! Sabes que he elegido la asignación de cambiar el volumen de mi “ah” solo para hacerlo a volumen más bajo, no más alto, y que lo haré de esa manera. Y he elegido que el mínimo sea uno para intentar joderte. Pero no te jodió. ¿Qué debo hacer para que me digas lo desastre que soy? ¿Escupirte a la cara? Estamos perdiendo tu tiempo y el mío. Nunca llegaré a ningún sitio y lo sabes. Así que ¿por qué no tienes la honestidad de decírmelo?”

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No se recuerda cómo exactamente se le respondió pero debió ser de la manera más profesional, porque se enfadó aún más. Finalmente lloró y nos habló de la relación con su padre. Javier comenzó a compartirnos muchos incidentes. Una vez, cuando tenía ocho años, le faltaba un cuarto de dólar para comprar una cometa. Su padre hizo un contrato con él. El niño debía escardar y quitar la mala hierba de un huerto de zanahorias y conseguiría el cuarto de dólar, pero por cada mala hierba que no quitará, sería penalizado con un penique. Debía hacerlo aquella mañana. El niño hizo todo lo que pudo, pero a mediodía el padre contó las malas hierbas que quedaban y le dijo al niño que le debía un dólar y cuarenta y tres centavos, lo cual rebajaría de su asignación a razón de cinco centavos semanales.

Esa era una de las historias; en otra ocasión el niño estaba en lo alto de una valla y su padre alargó los brazos para tomarle cuando saltara. Cuando saltó, su padre apartó los brazos y dijo: “esto te enseñará a no confiar en nadie.” Recordamos la manera como se le respondió a esta historia: “Y desde entonces tu mundo ha estado lleno de padres.”

Después de esto se notó una gran y significativa mejoría en su habla. Ahora bien, la pregunta aquí es ¿Tienes en estos momentos una situación similar a la de Javier la cual no te deja avanzar? Javier comenzó a obtener mayores resultados cuando decidió sacar su historia y no guardarla más dentro de si.

Si al momento has empezado a presentar resistencia al cambio, a modificar tus hábitos de hablar, es necesario ver y conocer en el fondo porque sucede ello ¿Crees que siempre serás tartamudo? ¿Por qué lo crees así? ¿Ya lo has intentado y has abandonado? Detente un momento a pensar en esto.

Esas son las preguntas y cuestionamientos claves para empezar a superar la tartamudez, y esto es por encima de las técnicas o estrategias que puedas implementar en tus conversaciones para disipar las acciones de tartamudez, muchas personas buscan primero las técnicas, sin embargo lo importante es hacer antes un chequeo interno, ¿Qué me hace tartamudear? ¿Qué siento cuando tartamudeo?

Para conocer las siguientes lecciones, da click a este enlace donde encontrarás el listado de las lecciones:

Terapia Básica Para Controlar la Tartamudez – Índice

Bendiciones


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